
Hace unos días, aprovechando un evento en Aranda de Duero visité la bodega Cuevas Jimenez y a su impetuosa responsable Maria Luisa, que me acompaño durante la visita mientras hablábamos de lo divino y de lo humano.
Da gusto encontrar personas y proyectos que tienen claro lo que buscan, y lo defienden a pesar de las modas, las circunstancias, el mercado y otros condicionantes que desmotivan a más de uno. Hacía tiempo que no veía una bodega tan bien cuidada, impecable y amplia, que podría invitar a hacer vinos en más cantidad y entrar a competir con otros de la Ribera del Duero.
Pero ellos lo tienen claro: solo unas pocas botellas al año, de sus vinos Ferratus y Ferratus Sensaciones y mucho espacio para trabajarlos bien y no parar hasta alcanzar la máxima expresión de los tempranillos de viejos viñedos que vendimian en la zona.
La madurez, el equilibrio y la carnosidad son las señas de identidad de unos vinos perfectamente presentados y elaborados año tras año con alma y conocimiento dignos de las mejores bodegas.
La segunda edición de 
En una zona donde han proliferado últimamente 
Hace unos días, mi amiga Lynne me preguntaba:
Cuando éramos pequeños, esperábamos en el pátio del colegio en fila, por orden alfabético, la entrada a clase… Siempre me llamaban la atención los compañeros que se colocaban los primeros (Adan, Alonso, Arbués…), yo estaba por el medio de la fila, y me imaginaba sentir algo especial siendo el primero.
Resulta que el crítico norteamericano 




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